Hace dos o tres años, a partir de una promoción de kiosco, tuve ocasión de enfrentarme a la lectura de Los pilares de la tierra. Quiero decir que se me puso a tiro y que, quizá, no me habría lanzado de no ser así. Lo acabé en dos o tres etapas, con los intervalos necesarios a su extensión y a la necesidad de hacer diversas lecturas. Hay muchas cosas del libro de Ken Follet, que me gustaron, otras no tanto. Las razones son muy parecidas a las que puedo aducir después de la inmersión salvaje en la nueva entrega de la saga: Un mundo sin fin. Muchos lectores rechazan de entrada un libro que tiene a sus espaldas un gran aparato publicitario, pero la realidad nos dice que no siempre funciona la ecuación libro/autor desconocidos = experiencia inolvidable. De entrada parece cierto que en algunos géneros literarios “populares” se han refugiado muchas de las grandes estructuras y de los recursos literarios del siglo XIX. Los best-sellers, algunos de ellos, son construcciones milim ...
Hace dos o tres años, a partir de una promoción de kiosco, tuve ocasión de enfrentarme a la lectura de Los pilares de la tierra. Quiero decir que se me puso a tiro y que, quizá, no me habría lanzado de no ser así. Lo acabé en dos o tres etapas, con los intervalos necesarios a su extensión y a la necesidad de hacer diversas lecturas. Hay muchas cosas del libro de Ken Follet, que me gustaron, otras no tanto. Las razones son muy parecidas a las que puedo aducir después de la inmersión salvaje en la nueva entrega de la saga: Un mundo sin fin. Muchos lectores rechazan de entrada un libro que tiene a sus espaldas un gran aparato publicitario, pero la realidad nos dice que no siempre funciona la ecuación libro/autor desconocidos = experiencia inolvidable. De entrada parece cierto que en algunos géneros literarios “populares” se han refugiado muchas de las grandes estructuras y de los recursos literarios del siglo XIX. Los best-sellers, algunos de ellos, son construcciones milim ...